La ciencia y la ICAR.
Judith del Rocío
La mayoría de los ateos estarán de acuerdo en que poseer un conocimiento básico de la ciencia es importantísimo para todo ser humano que se aprecie de ser racional y crítico. Esto porque sin la ciencia solo somos personas especulando inútilmente los aspectos de la realidad que no entendemos, sin embargo, es triste saber que en la mayor parte de los países del mundo se deja a la ciencia en un lugar aparte del común de la población como un tema exclusivo para privilegiados y por lo mismo es vista en la sociedad como algo inaccesible. Esta falla hace que las personas crean que su única opción es recurrir a tradiciones ancestrales para resolver sus problemas. Lo cual me inquieta mucho más cuando considero que aprender ciencia no solo educa en soluciones prácticas para las personas sino también en formas de pensar que no se obtienen con el aprendizaje de otros textos, pero con la ciencia viene también el desarrollo de una forma de pensar distinta incluido el pensamiento escéptico el cual es visto como un peligro para muchas instituciones religiosas, ¿será por eso que no se privilegia la enseñanza de la ciencia en muchos países netamente religiosos? Cuando me entero que la ICAR ha decidido reducir la edad en que dará formación religiosa a los menores de edad preocupada de seguir perdiendo adeptos en la garras del escepticismo y de las religiones protestantes o New age, comprendo a la perfección por que para ella el que los jóvenes conozcan el método científico y aprendan a analizar críticamente lo que se les dice es un verdadero peligro para su Institución.
México es un triste ejemplo de cómo se pueden mover viejas estructuras religiosas (separar la Iglesia y el Edo., Establecer una educación laica, etc.) y a la vez conservar a la población en la más absoluta ignorancia haciéndole creer que la ciencia es cosa de privilegiados, genios y gente que no tiene que ponerse a trabajar para ganarse el pan de cada día. La educación se concentra en la enseñanza del Español y las Matemáticas aisladamente, sin vincularlas a situaciones de la vida cotidiana y los alumnos luchan durante varios años por aprender a escribir correctamente siendo por demás muy afortunados los que lo logran. (De los resultados en Matemáticas mejor ni hablar) Después de eso viene la lucha en años superiores por ganarse el favor de los maestros y lograr establecerse en puestos de trabajo lo más pronto posible debido a la demanda de mano de obra calificada. Para entonces ya nadie se acuerda de la ciencia y el tiempo libre se dedica a pasar festividades de origen religioso que abundan en la mayoría de los países, siendo esta la realidad a la que deben adaptarse los estudiantes.
Enseñar ciencia implica la utilización de una forma de pensar distinta, de un razonamiento que no se obtiene con el aprendizaje de ninguna otra materia, inicia desde el cuestionamiento de los conocimientos previos: ¿Es verdad lo que siempre he creído que es verdad? ¿Es cierto lo que me dijeron mis padres alguna vez? El sentido común es cuestionado y puesto en la balanza a través del método científico y entonces se desata la creatividad elaborando hipótesis que respondan a la pregunta planteada aceptando que puede haber respuestas que ni siquiera se habían considerado pero solo una que al contrastarla con la realidad resulte válida, y al final, cuando se comprueba un conocimiento sentir recorrer el cuerpo con la adrenalina del logro obtenido que motiva a buscar más y más (sí, resulta sanamente adictivo).
Tomarse este tiempo en la escuelas para la enseñanza de la ciencia es algo que muchos maestros acostumbrados a sacar de los libros lo que enseñan no estarían dispuestos a hacer, además los programas de estudios no les permiten relajarse y tomarse el tiempo de experimentar, también se carece de los conocimientos necesarios para interpretar los resultados volviendo con esto a los antiguos esquemas de las interpretaciones espontaneas, mágicas o sobrenaturales. Es un circulo vicioso del que no es tan sencillo salirse porque nos han acostumbrado a pensar así durante siglos y siglos y es más cómodo quedarse con lo que uno ya conoce, esto ahorra la fatiga y el tener que confrontarnos con la idea de que lo siempre hemos aceptado como verdadero en realidad no lo es.
¿Quién querría algo así?
Seguro que la ICAR NO.
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